También fueron construidas en el siglo XVI la
Iglesia de Santiago, en sus inicios ermita, con una sola nave cubierta con bóveda; y la
Iglesia del Carmen, situada en un escarpe, junto al río de la Villa. Formó parte de un antiguo convento hoy desaparecido, y está declarada Monumento Nacional. De estilo manierista-barroco, destaca por sus tres grandes retablos de la capilla mayor, del siglo XVIII.
Del siglo XVII destacan los templos de la
Iglesia de Nuestra Señora de Loreto con su monumental fachada barroca; y la Iglesia de Los Capuchinos con planta de cruz latina.
Continuamos nuestra visita al
Convento de Madre de Dios de Monteagudo, levantado sobre un antiguo convento derruido a causa de un incendio. El interior transmite al visitante una sensación de movimiento, conjugando superficies cóncavas con bóvedas en casquetes y otros elementos. Su torre está considerada como uno de los ejemplos más bellos del barroco andaluz.
Por su parte el
Convento de Belén, siglo XVII, presenta planta de cruz latina, fachada austera de piedra y ladrillo; y una cúpula decorada con coloridas yeserías barrocas. El
Convento de la Victoria, por el contrario, tiene planta octogonal y está inspirado en los modelos del barroco italiano. La fachada de sillería presenta un balcón central que aporta un aspecto civil al edificio. El
Convento de la Encarnación es de estilo manierista-mudéjar y repite el modelo de iglesia morisca granadina, con una sola nave cubierta con artesonados.
El
Convento de San Agustín es uno de los más antiguos, y la torre de la iglesia presenta un aspecto peculiar al estar situada entre contrafuertes. El estilo predominante es el del manierismo, al que corresponden la capilla, la fachada y la bóveda. El
Convento de la Trinidad presenta un estilo barroco muy clasicista. El proyecto se debe a un fraile de la orden de los Trinitarios. También del siglo XVII datan el
Convento de los Remedios y el
Convento de Santo Domingo del que destaca la armadura mudéjar de la nave central.
Al siglo XVIII pertenecen el
Convento de San José, considerado como una de las representaciones más genuinas del barroco antequerano, el
Convento de las Catalinas presenta una sola nave cubierta con bóveda de cañón, muy repetida tanto en España como en América, con capilla mayor y coro a los pies. El interior, muy recargado en decoración, contrasta con la sencillez del exterior. Por su parte, el
Convento de Santa Eufemia presenta reminiscencias de la arquitectura nazarí y aire neoclásico en la fachada.
Por último cabe destacar el
Real Monasterio de San Zoilo, fundado por los Reyes Católicos en 1500. Es un convento de estilo gótico y también está declarado Monumento Nacional. De la obra original se conservan algunas bóvedas y la portada de la iglesia. En el interior destaca la armadura mudéjar de la nave central y las yeserías manieristas de la bóveda de crucería.
Arqueología
Pasear por sus calles, es sumergirse en la historia y empaparse de arte y cultura, hasta remontarse al origen de la ciudad, a la antigua
Antikaria romana, aunque varios yacimientos repartidos por el término municipal atestiguan que la zona estuvo habitada con anterioridad.
De su pasado conserva un extenso patrimonio arqueológico y arquitectónico, destacando el conjunto de los
Dólmenes de Menga, Viera y El Romeral, en cuyas inmediaciones se encuentra el asentamiento del Cerro de Antequera.
Además, los amantes de la arqueología tienen otros yacimientos importantes como los restos de unas termas conocidos por la
Carnicería de los Moros, las
Termas Romanas situadas a los pies de la Real Colegiata de Santa María la Mayor; la
Villa romana de la Estación, del s. I al IV a. C.; la zona arqueológica de
Aratispi, el
Gallumbar, asentamiento rural dedicado a la elaboración de aceite en época romana; la necrópolis de Alcaide, el poblado y necrópolis tardorromana de
La Angostura; y la zona arqueológica de la ciudad romana de
Singilia Barba, entre otros.
Quienes visitan
Antequera, tienen una cita también con el
Paraje Natural de El Torcal. Un entorno único, famoso por las caprichosas formas de sus rocas calizas, que conforman uno de los paisajes kársticos más importantes de Europa.
Por todo, Antequera merece una “escapada” y comprobar in situ todo este patrimonio; y pasear por sus calles y plazas siempre muy concurridas.