La cata de Godoy
Federico Schatz y su pinot noir,dos extranjeros muy bien adaptados
La bodega
Bodega F. Schatz
A primeros de los años 80 aterriza en la provincia de Málaga un emprendedor alemán, descendiente de una familia de viticultores afincada en Württemberg (sur de Alemania) desde el siglo XVII. Quería elaborar vino pero no en Alemania, y tras sopesar otras regiones de Europa, incluidas algunas de España, encontró en Ronda lo que verdaderamente iba buscando: un microclima único, de maravillosos contrastes, en una región histórica con un pasado enológico aún latente. Y campo, mucho campo por delante, y mucho trabajo por hacer. La región estaba muy virgen cuando él aterrizó, tanto a nivel legislativo como de infraestructuras, pero nadie le pudo demostrar que estaba equivocado en su apuesta. Es más, el tiempo le ha dado la razón.
Friedrich Schatz prontó comprendió que estaba en una tierra distinta, mágica. Poco le duró su presentación germana. Friedrich dejó paso a Federico, y unos cursos de castellano en Marbella le propiciaron un distintivo toque andaluz a su acento. Se estaba fraguando el proyecto que situaría Ronda en el mapa vinícola español. No fue el primero en asentarse en Ronda, pero sin duda fue el que más se lo creyó. El que más apostó por una tierra, sin ambigüedades. El que más la respetó.
El Vino
Apostó por una viticultura ecológica, siendo la primera bodega certificada de la provincia de Málaga. Hizo pruebas con diferentes variedades de uva hasta quedarse con la variedad blanca chardonnay y con las tintas cabernet sauvignon, pinot noir, petit verdot, merlot y syrah francesas, la tempranillo española y las muskatrollinger y lemberger del sur de Alemania. Con esta última variedad, por cierto, se elabora Acinipo, un excelente vino tinto que toma el nombre del asentamiento romano situado a 20 kilómetros de Ronda y que es el único vino de España elaborado con dicha casta.
La “Finca Sanguijuela”, de tres hectáreas de viñedo, se sitúa en una meseta a 600 metros sobre el nivel del mar. Protegida por las sierras de “Grazalema” y “Las Nieves” de los vientos de Levante y Poniente, la diferencia térmica entre el día y la noche permite tener una maduración lenta de las uvas y que se hayan aclimatado varietales propios de climas más fríos.
El vino que nos ocupa hoy es un buen ejemplo de ello. Un monovarietal de Pinot Noir del 2005. De esta variedad, oriunda de la Borgoña, delicada y elegante, ha sabido Federico extraer gran parte de su esencia. En un lugar a priori poco apropiado, como es la Serranía de Ronda, ha elaborado un vino fresco, por su marcada acidez - que ayuda a terminarse la botella y no a pensar en cuantos puntos le habrá dado la crítica – pero con enjundia. Un vino para disfrutarlo con una buena chuleta de vaca vieja a la brasa, unas carrilleras o un atún rojo al carbón, amén de otros tantos. Temperatura de consumo recomendada, 16-17 grados.
Contracata
Color: Rojo picota con ribete cereza. Se presenta con algo de sedimentos por la decantación natural de las partículas que dan el color al vino. Al que no le gusten que lo decante y al que no le importen, que las disfrute, como a un servidor.
Nariz: En nariz es un “ramito de violetas”. A poco que le prestemos un poco de atención identificaremos un recuerdo a flores, y si ahondamos aparecerán en nuestra memoria los caramelos de violetas de toda la vida. Después es mucho más complejo, especias dulces (canela), hojarasca, tabaco fresco, laurel… Pero las violetas presentes desde el principio. Un vino muy divertido.
Boca: En boca es muy agradable y muy fresco. Con buena estructura y cuerpo medio, aunque parece más ligero por la gran acidez que tiene. En boca vuelven las sensaciones florales y recuerdos de frutos rojos (grosella).
Crianza: 12 meses barrica nueva francesa.