Comparando, aprendiendo
Escribo estas lineas desde Toscana, en Italia, repitiendo destino, que por algo será. Me atrae esta tierra por aromas e imágenes, y por suaves conexiones y paralelismos y coincidencias con Andalucía, cada cual con sus peculiaridades.
No descubro secreto alguno si escribo que Italia es todo un monumento, una obra de arte, ciudad a ciudad; pueblo a pueblo; rincón a rincón; palmo a palmo. A partir de ahí vienen las dificultades y las comparaciones, en las que cada día estoy más convencido que Andalucía sale fortalecida: La atención a los viajeros, las infraestructuras turísticas y, sobre todo, los efectos positivos de una industria turística consolidada y potente.
Seré más conciso: Los italianos tienen un patrimonio historico, cultural y hasta paisajístico, que les viene dado, y se lo curran más bien poco de cara a su gestión turística. Lo tienen y les basta. Y nos les faltan visitantes año tras año.
Por otro lado anotaré que, en general y cuanto más al sur mejor, los italianos son hospitalarios y atentos con sus viajeros, especialmente con los españoles, a quienes nos profesan un cariño especial y generalizado, al contrario que, me parece, nosotros a ellos. Y luego está lo de su café, que es sublime en cualquier rincón de la bota. Una obra de arte cotidiana.
Al salir a un destino como Italia veo con más claridad los efectos positivos del arduo y constante trabajo realizado en Andalucía en pos de una industria turística fuerte y en constante evolución. Quizá con menos mimbres estamos sienndo capaces de proponer una oferta de primer nivel, creo que, sin competidores a la altura.
Y asi debemos seguir, sin bajar la guardia, con humildad y cuidando hasta la extenuación el factor humano, tanto en la profesionalidad como en la hospitalidad.
Debemos estar orgullosos y, al mismo tiempo, seguir aprendiendo y no dormirnos en los laureles.
Me alegro mucho