El último Fitur de la era Fitur
Hasta que se marcharon los príncipes de Asturias por la puerta de Ifema era sólo una percepción; Cuando nos quedamos solos pasó a ser certeza: Este es el último Fitur de la era Fitur. Esto es, el final de la feria internacional de las vanidades y la traca mojada.
Después de 20 años de asistencia ininterrumpida a la feria del turismo que se celebra cada enero en Madrid, con alguna base cuento para valorar y predecir al respecto, aunque sea la torpe experiencia. A lo largo de este tiempo he visto escenas, escenarios y personajes que hoy no pasarían ni la previa en un filtro de melonadas.
Durante muchos años, y especialmente en el periodo de enajenación mental colectiva de nuevos ricos, Fitur parecía una competición de tallas de pene en estado eréctil, eso sí, poniéndose casi todos hasta el cuello de viagra. Para entendernos, tirando con pólvora ajena, con la pasta de otros.
Ya el pasado año se veía como languidecía el espectáculo, en los estertores de lo que fue un ser vivo prepotente, fantasma y hortera, esta feria de la opulencia prestada.
Pero esta es la edición de la despedida, se nota, se palpa, se siente, la ruina está presente y es evidente. Es la última en la que veamos lo que fue alguna vez Fitur y jamás volverá a ser. Veremos otra cosa, viajaremos el próximo enero al frío de Madrid, pero para encontrarnos y participar en otro escenario: Con muy pocas luces y muchas mesas de trabajo para vender, para comprar, para presentar productos reales...Para el negocio puro y duro de la industria turística que nos sostiene y de la que vivimos.
Que así sea.