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Regularizando los chiringuitos: en pos de la protección medioambiental

Arantxa Urbano | 20-05-2010 | Compartir  facebook   twitter   enviar a un amigo  

Nada de cuentagotas. Si a finales del pasado mes de marzo, el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino regularizaba la situación de noventa chiringuitos en la provincia malagueña (sector que en 2009 daba empleo a 40.000 personas, según FAEPLAYAS), esta misma semana eran otros siete los que conseguían las correspondientes concesiones entre las playas de la Malagueta y la Caleta. A los que sumar dos más en las playas de Guadalmar, junto a la desembocadura del Guadalhorce. Para la administración central del ramo el “éxito” en la tramitación de estos expedientes se ha debido a la “estrecha colaboración” entre el Ejecutivo estatal y el local, consiguiendo dotar así de la “necesaria seguridad y estabilidad jurídica” a un sector que venía demandándolo.

Este trasfondo levanta, cuando menos, una reflexión: qué es más necesario y prioritario, ¿preservar y amparar el ecosistema o mantener los empleos aún a costa del medioambiente? En principio, la respuesta se antoja meridianamente clara: conservar y mejorar el entorno medioambiental significa asegurar el trabajo de hoy y, lo que quizá es más importante, el de mañana. Porque, ¿se imaginan lo que ocurriría si nuestras costas o tierras se viesen irremediablemente dañadas por nuestra forma de vida?

Chiringuitos en la playa del Bajondillo de Torremolinos
Fotografía © www.jeronimoalba.com
Cumplidos veinte años de la Ley de Costas de 1988, el verano pasado surgió la polémica cuando el Ministerio más ecológico del equipo gubernamental advirtió con endurecer la aplicación de una normativa cuya administración había sido más bien laxa. Ante esta situación, el objetivo de la aplicación de la Ley era y es evitar la ocupación de todo el dominio público por actividades privadas. Esto quiere decir: unir a los chiringuitos, las zonas de alquiler de tumbonas, de hidropedales y las de los juegos infantiles que terminan haciendo, en no pocas ocasiones, que el bañista lo tenga realmente difícil para poner su toalla en la arena en una playa catalogada, generalmente, como urbana. Pues aunque todas hay que protegerlas, las naturales no tienen el inconveniente de la masificación. Las acciones emprendidas por el Ejecutivo vienen a defender el dominio público de las consecuencias de las obras que pongan en peligro los valores naturales y paisajísticos ya que el turismo de sol y playa sólo puede sobrevivir si es distinto, en clara alusión a los términos de calidad y respeto al medio ambiente.

Y es que en las costas desarrollamos gran parte de nuestra actividad y, hoy más que nunca, es un espacio que debemos mimar pues es el epicentro en el que miles de personas han basado el desarrollo de sus vidas. Por eso, es necesaria una gestión adecuada de las mismas. Y, para convencerse completamente, si es que cabe aún alguna duda, nada mejor que los datos:
¿Sabían que las playas, que constituyen aproximadamente el 0,001 por ciento de la superficie nacional, nos aportan más del diez por ciento de la renta española? O lo que es lo mismo: el territorio más pequeño proporciona el mayor beneficio, “rentabilidad que justifica cualquier inversión pública en este campo”, admitió en abril de 2009 el profesor de la Universidad Politécnica de Valencia y experto en gestión de playas, Víctor Yepes Piqueras.
Chiringuito en la playa de Marbella
Fotografía © www.jeronimoalba.com
Chiringuito en la playa de Marbella
Fotografía © www.jeronimoalba.com
Más cifras

Para contextualizar la importancia de los chiringuitos en su justa medida, y partiendo de que estos establecimientos llevan en la playa “más de cien años”, según Antonio Galván (representante de la asociación gaditana de Empresarios de playa, AGEPLA), Andalucía cuenta con “novecientos chiringuitos”, de las “dos mil concesiones del sector” en la Comunidad Autónoma. Casi un millar de estos restaurantes típicamente costeros emplean a “40.000 trabajadores”, informó el año pasado el presidente de FAEPLAYAS.

En la provincia de Málaga, quizá junto con Cádiz una de las más afectadas si se aplica la norma, el año pasado, 254 chiringuitos eran alegales, de tal forma que sólo unos pocos (de los más de trescientos establecimientos del sector, que daban empleo a unas veinte mil personas) se salvaban de la quema.

Actualmente, ya se han otorgado las concesiones para los próximos quince años de los chiringuitos de Algarrobo, Casares, Estepona, Málaga capital, Rincón de la Victoria y Manilva. Pero aún quedan alrededor de 110 por regularizar. La mayoría en Mijas, Fuengirola y Marbella. Así lo advirtió Manuel Villafaina, presidente de la Asociación de Empresarios de Playas de Málaga, quien mostró la preocupación del sector porque las transferencias de las competencias del gobierno central a la Junta de Andalucía “aún no se han concretado”, confiando al tiempo en que las concesiones se sigan “agilizando”.
Playa de San Cristobal en Almuñecar
Fotografía © www.jeronimoalba.com
Playa de San Cristobal en Almuñecar
Fotografía © www.jeronimoalba.com
La Junta quiere las competencias

El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, pidió el pasado 17 de junio de 2009 a José Luis Rodríguez Zapatero las competencias sobre los chiringuitos de playa ante lo que, según el presidente del ejecutivo autonómico andaluz, el dirigente del gobierno español "no planteó inconvenientes". Griñán advirtió entonces que realizaba esta petición de competencias atendiendo a lo que establece el artículo 56 del Estatuto de Autonomía de Andalucía. Este texto señala que corresponde a la Comunidad la “competencia exclusiva en materia de ordenación del territorio y en materia de ordenación del litoral”.

Y no son pocas las voces que se han escuchado defendiendo las transferencias de estas competencias. En este sentido,se manifestó el presidente de la Federación Andaluza de Empresarios de Playas, Norberto del Castillo, recogiendo con “mucha esperanza e ilusión” está petición de Griñán. Asimismo, la Federación FAEPLAYAS reclama desde hace tres años la competencia sobre ordenación del litoral para la Junta de Andalucía. El presidente de la Federación apostó porque estos establecimientos dependan de la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte, al ser para él "lo más lógico" ya que conocen las "necesidades" de los destinos de sol y playa, independientemente de que la Consejería de Medio Ambiente "ejerza su control".

Y es que la Ley 22/88, de 28 de julio de Costas (y su reglamento correspondiente) no prohíbe los chiringuitos en el dominio público marítimo – terrestre. Pero, eso sí: establece criterios para su instalación; algo lógico, por otra parte, si se quiere mantener en buen estado nuestro litoral y asegurar el carácter público del mismo. Lo que se pretende es que este tipo de instalaciones cumplan los criterios de distancias y superficies establecidos en la legislación; una legislación, por cierto, que ya ha cumplido sus 20 años por lo que no se puede alegar que no se haya habido tiempo para que las instalaciones se adapten a la misma o para que los gobernantes apliquen la Ley si están convencidos de su idoneidad y necesidad para salvaguardar nuestro ecosistema marítimo – terrestre.

La ubicación preferente de los chiringuitos en la zona de servidumbre de protección no es sino una medida que busca proteger el paisaje del litoral y el de las zonas dunares, al tiempo que persigue asegurar que el dominio público siga siéndolo, evitando posibles vertidos o contaminaciones acústicas.

En cualquier caso, la ordenación del sector no hará más que mejorar la calidad ambiental de nuestras playas, permitiendo ofertar un producto turístico global de mayor calidad. Lo que queda por hacer, sin duda, no es fácil ni de corto recorrido: los expertos coinciden en que, a la vista de la situación creada, parece necesario poner en marcha un mecanismo de coordinación entre las políticas costeras y turísticas, permitiendo así una gestión integrada de nuestras costas.

Para el profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, Víctor Yepes Piqueras, lo que ha pasado es que en las playas “no existía un responsable claro” de su gestión. “La Ley delegó responsabilidades muy importantes a los ayuntamientos, como salvamento y limpieza. Sin embargo, no había presupuestos anuales para inversión en playas, ni tampoco para mantenimiento. No obstante, a la hora de gestionar estos espacios, al igual que en el resto del litoral, hay que afrontar problemas complejos. Alcanzar un modelo de gestión más integrado pasa por llevar a cabo soluciones participadas, en las que se involucren todos los implicados, buscando nuevas estructuras de organización de gestión local”.

Las necesidades

Según los expertos, la implementación de certificados de calidad y de gestión de playas supondrá un punto de inflexión en la inclusión de los sistemas de gestión de playas en los ayuntamientos. Y, en esta dirección, España ha impulsado la “evolución de estos sistemas de gestión hasta el punto de que se está trabajando para la normalización internacional de una nueva norma de gestión de playas urbanas”, con unos criterios “mucho más exigentes que los actuales” (y que ya han sido normalizados por AENOR en nuestro país), y que podrían adoptarse próximamente.

“Por primera vez se obligará a que exista un plan de explotación y ordenación de la playa y a contar con un plan de emergencia”, explicó Yepes Piqueras. También habrá “mecanismos de control y planes de seguridad donde se evaluarán los tiempos de respuesta”, para lo que se realizarán simulacros. Otro punto importante de esta nueva normativa es que, con carácter obligatorio, las playas deberán disponer de puntos accesibles para personas con discapacidad. “Esto no sólo consistirá en una rampa, sino que además estos lugares accesibles deberán contar con personal dedicado a darles un servicio de calidad”

Cuando nos concienciemos plenamente de que lo que hagamos ahora en pos de la tierra, redundará en beneficio de todos: tendremos mucho ganado. Por ahora, parece que sólo cabe esperar, mientras ese momento llega, que no sea tarde para recuperar la fauna y flora que, por nuestros hábitos, se haya deteriorado... desde la mar a la tierra.

© Andalucia de Viaje 2017
24 de septiembre de 2017

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