Nada más entrar al museo, nos encontramos con una
sala de proyecciones en la que para abrir boca se proyectan dos tipos de videos, uno para mayores sobre
apicultura y polinización y otro para
niños; en éste último se busca sobre todo la interacción con el menor a través de curiosas preguntas. Los grupos pueden tener un máximo de 50 personas y, dado que el museo tiene dos plantas, se dividen en dos, uno en la planta baja y otro en la primera, para hacer el recorrido y luego intercambiarse.
En la primera planta se explica mediante
fotografías lo que acontece dentro y fuera de la colmena, quienes son sus protagonistas, qué abeja hace cada cosa e, incluso, quién manda en estas estructuras. No es un tópico, cada tipo de abeja nace con una misión: la reina, el zángano y la obrera. Ninguno tendría futuro si no existieran los demás. Reina solamente hay una y es la que regula la colmena al ser la única fértil, mientras que obreras hay millones.
También hay en la primera planta una
sala con enseres antiguos de labranza y libros históricos. El recorrido termina otra vez en la planta baja con una
visita a la tienda, en la que se pueden adquirir velas decoradas y mieles de diferente tipo, todas eso sí, de paneles de Colmenar.
La apicultura en este municipio malagueño se remonta, por lo menos, al año 1700, según el director del museo.
www.museodelamiel.com